Como todos los días Ángel se levanta cuando suena el despertador y después de ir al baño se prepara su café con leche y una tostada con mermelada de fresa. A Ángel le gusta desayunar en pijama. Acto seguido se viste para ir a trabajar. Recorre la calle como todas las mañanas hasta la parada de la línea 1 dónde unas señoras mayores se pelean por quién entra primero en el autobús. Cómo Ángel odia a ese tipo de gente hace todo lo posible por entrar el primero, por lo que es insultado e incluso empujado a pesar de que el autobús ha llegado casi vacío.
Todos los días, en la tercera parada dónde convergen la línea 1 y 4, una chica espera sentada a la llegada del autobús leyendo un libro. Ángel se pregunta siempre quién es ella, qué está leyendo y porqué siempre carga con un paraguas rojo aunque no esté lloviendo.
El autobús arranca, la chica continúa en la parada y Ángel la pierde de vista. Así una y otra vez, todos los días.
Una mañana, Ángel se levanta sobresaltado, el reloj no ha sonado, es tarde. Se viste apresurado y cuando va a hacer café descubre que no queda. Toma un vaso de zumo de naranja y baja a la calle. Corre hasta la parada pero esta vez coge la línea 4 que acaba de llegar. Logra entrar por los pelos gracias a que el conductor es tan amable de frenar al verlo por el retrovisor. Da las gracias aliviado y toma asiento. Hoy el autobús se detiene en la tercera parada. La chica del paraguas rojo sube y se sienta justo al otro lado del pasillo. Ángel mira la portada del libro que ella sostiene. Lee El guardián entre el centeno. Unos minutos más tarde la chica baja del autobús. Ángel repara en su asiento, el paraguas rojo descansa sobre él. Ángel lo coge y se baja en su parada.
Al día siguiente Ángel se despierta 3 minutos antes de que suene el despertador. Va al baño y se toma su café y su tostada con mermelada de fresa mientras ojea la sección cultural del periódico. Se viste. Fuera llueve así que vuelve a subir a por el paraguas rojo. Camina hasta la parada de todos los días donde dos señoras de edad avanzada le piropean. Se monta en el autobús mientras una de ellas le toca el brazo excesivamente diciéndole que es un mozo muy guapo.
Sin explicación alguna, Ángel se siente hoy feliz y al llegar a la tercera parada se baja aunque no es la suya. Una chica entra corriendo en la parada para protegerse de la lluvia, lleva una gabardina azul y un ejemplar de Cien años de Soledad bajo el brazo. Hay demasiada gente y su hombro se está mojando. Llueve violentamente. Ángel abre el paraguas rojo y lo coloca sobre ella.
–Gracias. Siempre llevo uno como este cuando el día pinta mal, pero lo perdí justo ayer– dice ella sonriendo.
–Muy bueno– dice Ángel señalando el libro que ella sostiene –¿has leído El guardián entre el centeno?–.



